El proyecto parte de la condición estratégica del vacío como elemento de charnela entre el casco histórico, los nuevos desarrollos, el cerro, la huerta y el sistema de barrancos. La ordenación combina edificación y espacio libre para introducir un nuevo orden capaz de clarificar la estructura urbana y generar continuidad ambiental y peatonal.
A escala urbana, una serie de microintervenciones establece nuevas conexiones, espacios de descanso y ámbitos de sombra mediante vegetación adaptada al clima mediterráneo, recuperando especies vinculadas a la memoria agrícola del lugar. La presencia del agua, reconocible en antiguos trazados de acequias y en los sistemas naturales de escorrentía, se incorpora también como parte de la estructura del parque, permitiendo responder tanto a las condiciones cotidianas como a posibles situaciones de emergencia.
La relación visual con la Ermita de la Virgen del Castillo se convierte en otro de los elementos determinantes de la ordenación, reforzando la vinculación entre la intervención y el paisaje de Chiva.
El programa incorpora un equipamiento multifuncional conectado con la red de equipamientos locales y concebido como espacio de encuentro, formación y gestión de emergencias. Junto a él, un conjunto de vivienda colectiva introduce nuevas formas de habitar y favorece la diversidad social.
De este modo, el vacío deja de entenderse como ausencia para convertirse en un sistema activo capaz de canalizar flujos sociales, ecológicos e hídricos. El proyecto no pretende colmatarlo, sino delimitarlo y activarlo, construyendo un soporte común donde confluyen ciudad, paisaje y memoria.