Esta misma lógica de adaptación se traslada al tratamiento paisajístico del parque. La vegetación responde a sus diferentes condiciones ambientales mediante el predominio de especies de ribera y vegetación autóctona, incorporando además jardines polinizadores que favorecen la biodiversidad y refuerzan el carácter ecológico de la intervención.
En torno al espacio público se disponen áreas de estancia, descanso y contemplación que se abren hacia el paisaje de Zaragoza y aproximan a sus habitantes al Ebro como espacio de encuentro y relación.
El centro de piragüismo se integra en el paisaje de ribera mediante una fachada cerámica cuyo ritmo contribuye a diluir la presencia del edificio en el entorno. La cerámica deja de entenderse únicamente como revestimiento para recuperar su capacidad estructural, aprovechando su comportamiento a compresión y su elevada resistencia.
En la zona del embarcadero, sometida directamente a las variaciones del nivel del río, se plantea una solución de mayor flexibilidad. La estructura y la envolvente se independizan del plano del suelo, permitiendo que este último responda de manera autónoma a las crecidas y descensos del Ebro.